No hay respuestas buenas ni malas. Hazlo el lunes (antes) y otra vez el viernes (después) para ver lo que cambió.
Escribe justo después de cada meditación. Se guarda solo.
Escribe sin filtro lo que eliges soltar. Esta hoja no se guarda. Léela una última vez, respira, agradece lo que te enseñó… y destrúyela.
Lo que pesaba ya es abono: tierra fértil para lo que quieres sembrar.
"Lo solté. Gracias por la enseñanza."